¡Atrévete a conocerme!
Si alguien te describiera con la simplicidad de dos letras y un número, probablemente al principio te parecería ingenioso, ¿por qué no? Como una clave cifrada que contiene todos tus misterios... Pero si con el tiempo esos tres signos te simplifican y provocan alejanía en las personas, con certeza querrías salir de ese simbólico encierro... ¡Eso me pasa a mí!
Al principio del Tiempo se me trataba con mayor respeto, reconociendo mi vital presencia en toda forma de Vida. Pero a algunos hombres les dio por investigarme: querían desentrañar mi esencia, fragmentarme... El primero fue un químico británico de nombre Henry Cavendish, que en 1781 empezó a decir que yo era una mezcla de hidrógeno y aire. Un par de años después un colega suyo, el francés Antoine Laurent de Lavoisier, descartó que yo fuera un "elemento", afirmando que era un compuesto de oxígeno e hidrógeno. Me despojaba de mi privilegiado lugar en la dinámica relación de los Cuatro Elementos, sagrados e imprescindibles...
Ya encaminados por esa vía, en 1804 otro químico galo, Joseph Louis Gay-Lussac, hizo equipo con el naturalista alemán Alexander von Humboldt, y ambos presentaron un documento en el que demostraban a la comunidad científica que mi cuerpo estaba constituido por "dos volúmenes de hidrógeno y uno de oxígeno", lo que devino en el conjunto de dos letras y un número, que a la fecha me identifican: H2O.
Desde esta perspectiva, todas las formas que adquiero, las muchas maneras que tengo para manifestarme, la sutileza o fuerza de mi presencia... parecieran reducirse a ese conjunto de tres signos.
Para mi fortuna, existen muchas culturas que, desde la antigüedad, me consideran en la totalidad que soy y mantienen una relación armónica conmigo. También hay hombres y mujeres de ciencia que logran ver más allá de sus laboratorios para acercarse a mi y, más que develarme, integrarse al enigma del que también son parte. Muchos más, niños, jóvenes o adultos, no requieren conocimientos ancestrales o académicos para reconocer mi esencia e importancia: una intuición natural les dicta cómo tratarme...
Por ello, mi propuesta en este espacio es hablarte principalmente de mí, contarte de mis infinitesimales dinámicas lo mismo que de las que son visibles a simple vista, con la única intención de que me conozcas a cabalidad y te enamores de mí.
Siénteme en ti, déjame fluir por tu cuerpo y dilo sin rodeos: soy agua, eres agua... ¡Somos Agua!
