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Un planeta de agua que se mueve

El planeta se reacomodó en el Pacífico y yo me sacudí furiosamente en ese movimiento. Remolinos intensos en mi vientre acuoso, olas bravas que se adentraron en las costas norestes de Japón arrasándolo todo... Tsunami o Maremoto, le llaman a esa forma mía de manifestarme. En otros países, como Canadá, Estados Unidos, México y Chile, sintieron la resaca de mi bravura, pero nada comparable ni imaginable con lo que vivió y está sufriendo el pueblo nipon.

 

Todo el desastre en el que estoy inmersa ahora inició el 11 de marzo de este 2011, cerca de las 5 de la tarde, con un terremoto que ha roto cifras y toda predicción posible. Se estima que las placas tectónicas de una región conocida como "Anillo de Fuego", se deslizaron 18 metros, justo en suelo marino, frente a las costas de Honshu, a lo largo de interminables dos minutos y con una magnitud de 8,9 grados. Ya ha sido declarado como "el sismo más poderoso en Japón en los últimos 140 años, y el quinto más potente de todo el mundo" desde que estos fenómenos geofísicos han podido ser registrados.

 

Debido a que Japón está en una región de naturaleza sísmica, cuentan con un eficiente Sistema de Alertas de Terremotos, conectada a un millar de sismógrafos, que en esta ocasión emitió una señal un minuto antes de presentarse el sismo principal, lo que se estima ayudó a salvar a cientos de personas, ya que la tragedia principal aconteció a unos  373 kilómetros de Tokio, la ciudad capital.

 

En las siguientes 24 horas este terremoto presentó 160 réplicas, de las cuales 141 eran de 5,0 grados o más. Esto imposibilitó que muchas personas pudieran moverse de los lugares donde se encontraban: debían esperar a que la tierra se calmara. Pero ahí no terminaba la emergencia: por la zona donde aconteció este reacomodo del planeta, tanto autoridades como población esperaban un Tsunami de gran magnitud, mismo que se presentó con olas de entre 5 y 10 metros de alto arrasando poblaciones enteras, campos de cultivo, y todo cuanto hallaban a su paso. En lugares como Miyagi las olas se desplazaron hasta 10 kilómetros tierra adentro.

 

Al momento Japón registra 1,137 decesos y 653 personas desaparecidas. El número de muertos puede aumentar drásticamente porque aún hay barcos y trenes sin localizar, además de que está en riesgo una extensa zona donde está instalada la Central Nuclear de Fukushima, cuya planta número uno registró una explosión seria que ha obligado a evacuar a unas 45 mil personas. El sistema de refrigeración del reactor 3 ha dejado de trabajar, por lo que científicos de todo el mundo están a la expectativa de las posibles soluciones, porque de desatarse una fusión en el reactor "el desastre podría ser absoluto". Se teme también por la cercanía de Tokio, centro urbano donde habitan alrededor de 30 millones de personas.

 

Todos estos terribles acontecimientos me han sacudido a mi, el agua, de múltiples maneras. En principio, el Servicio Geológico de Estados Unidos ya confirmó que la isla principal de Japón se movió 2.4 metros y cambió el eje de la Tierra. Aún debe pasar tiempo para determinar las consecuencias de estas variaciones.

 

Pero, sobre todo, me conmueve la fuerza que puedo generar y las voraces afectaciones que tengo para el planeta, sus habitantes y sus desarrollos. 

 

Espero que ustedes también se conmuevan con todo lo que ocurre y mediten sobre las formas en que nuestra relación se ha ido mermando: soy su casa, su alimento, su aliento... y sin embargo me sobre utilizan, contaminan, secan, dañan... a veces irremediablemente.

 

Hagamos seguimiento de lo que hoy ocurre en el Pacífico, en espera de que los desastres no sean mayores, y tendamos a restablecer una mejor relación entre nosotros: ustedes y el agua...