El planeta se reacomodó en el Pacífico y yo me sacudí furiosamente en ese movimiento. Remolinos intensos en mi vientre acuoso, olas bravas que se adentraron en las costas norestes de Japón arrasándolo todo... Tsunami o Maremoto, le llaman a esa forma mía de manifestarme. En otros países, como Canadá, Estados Unidos, México y Chile, sintieron la resaca de mi bravura, pero nada comparable ni imaginable con lo que vivió y está sufriendo el pueblo nipon.