Crónica Pensando Agua
Vivir concientemente un encuentro con el agua; sentir, vibrar, disfrutar. Regresar a la experiencia de asombro por cada gotita que envuelve mi universo. Sonreír y abrir ese espacio de inocencia que me permite reconectar con la maravillosa experiencia del agua… de la vida.
Este fue nuestro vivir en el primer Camino Pensando en el Agua, donde chicos y grandes disolvimos toda barrera de rol y personalidad para dejarnos llevar por el fluir de nuestras emociones y sentimientos, con la intención de descubrir las bendiciones que la naturaleza, a través del agua, siempre nos regala. Un espacio de esfuerzo compartido para percibir y redescubrirnos en el agua, con el agua.

Al llegar aquí no comprendía realmente el nombre Somos Agua, pero ahora al detenerme y tomarme el tiempo de vivir maravillosas experiencias con el agua, comprendo la magnitud de su alcance y que realmente todos, sin excepción, somos agua.

Descubrimientos que el arquitecto Gilberto Castañeda y otros de los participantes en la jornada compartieron desde su más profundo sentir. El agua nos habla y nos dijo tantas cosas a través de nuestro percibir que fue fascinante descifrar su idioma. Caminar en fila india, uno detrás del otro, nos ayudó a sincronizar con el entorno, el ruido a nuestro alrededor desapareció y el sonido del agua emergió. Fue increíble generar silencio percibiendo y escuchando todo aquello que el agua ya nos decía. Mochis, gran caminante y conocedor de la naturaleza, se fascinó por el sonido que sus pies hacían al caminar con delicadeza y atención sobre charquitos de agua cristalina. Lo que al principio parecía ruido, comenzó a tomar la forma de un lenguaje de expresión natural. Todo lo que el agua nos decía, lo comunicó a través de nuestro sentir.

Los miembros más jóvenes del grupo no dejaban de sorprenderse con tanta vida y naturaleza. Corriendo de un lado para el otro, brincando sobre charcos, descubriendo rinconcitos mágicos de diversidad natural que aceptaban alegres la invitación a salir a jugar. ¿Vamos a entrar al agua? ¡Sí! Iker, hijo de Oscar Sánchez, con sus siete años brillaba en su mirar al subir al barquito que nos llevó del otro lado de la presa al comienzo de la caminata. Fue inspirador arrancar la experiencia de agua flotando sobre ella, compartiendo un mismo espacio de tranquilidad que fluye, siendo sostenidos completamente por ella, el agua.

Caminando pensando en el agua sobre éste hermoso valle de pastos altos y montañas boscosas, ríos que emergen y se vuelven a esconder en su fluir. Golondrinas, cernícalos y brillantes cuervos que acarician el viento con sus alas, mil y un formas de agua que presumen su existir con tal gozosa expresión de alegría. El escenario ideal donde sentir y sonreír fue el común denominador de este grupo de personas que no dejó de vibrar de emoción. Fue realmente hermoso ver a padres e hijos como Juan Róbalo y sus chavos estar dentro del río empapados en alegría, compartiendo momentos tan sensibles como éste.

El interactuar de éste grupo tan diverso dio lugar a ideas nuevas y frescas, unas dando pauta a otras. Fascinante observar el proceso de creación y creatividad constructiva a partir de opiniones encontradas que, sumadas, encajan perfectamente como piezas de rompecabezas dando vida a algo nuevo y diferente; una nueva manera de entender el agua, nuestro universo.

El silencio no existe por sí sólo, lo generamos con nuestra intención. Disfruta el regalo del silencio, entra conciente y despierto a éste santuario de agua que te recibe. Fue la entrada que Norman dio al acercarnos al bello manantialito de agua viva, fresca, de montaña que brotaba entre zarzas formando un río cristalino donde todos encontramos lo que buscábamos; nuestra experiencia en intimidad con el agua. Federico Llamas y su hijo Jerónimo compartieron juntos este momento especial disfrutando de una pequeña caída de agua que formaba un pocito generando un canto acuático muy peculiar. Giovanna Jiménez, que por primera vez tomaba agua de manantial, expresaba con asombro: No puedo creer la hermosa sensación de mojar mi cara con agua directa de manantial, es una recarga de energía y de vida. Graziella Hagerman, incansable anfitriona de Casa Abierta, compartía también su primer experiencia con agua de manantial: Es verdad que tiene un sabor especial… ¡es algo que nunca había experimentado!

De regreso en el comedor al final de la caminata todos tuvimos la oportunidad de expresar nuestros descubrimientos y sentires. Brenda Franco compartía Tengo tanto que descubrir del agua…quiero conocerla a fondo! Carlos Romero, amigo de la UMA, y Beatrice Lannelongue reafirmaban su capacidad de asombro con el agua: Estoy súper contenta al darme cuenta que no he perdido mi capacidad de asombro con la naturaleza y descubrir que el agua es quizá una de las manifestaciones más bellas de observar y percibir.
Compartir alimento es ser de un solo cuerpo; aquí en este lugar sagrado nos descubrimos y nos presenciamos como un ser integrado: niños y adultos, hombres y mujeres, plantas, insectos, líquenes, hongos y aves, todos compartiendo un solo alimento: Agua. ¡Gracias por este espacio de reencuentro!
