Manifiesto
Hablar del agua desde el agua. Pensarnos como la esfera azul que flota en el universo, porque en realidad así somos. Agua que nace en las estrellas y viaja hacia nosotros. Gotas multiplicadas que conservan la memoria del origen y a la vez son tiempo presente y futuro contenido. Porque no hay fronteras entre el agua y nosotros, describirla es presenciar una narración donde el mundo es protagonista: porque todo y todos tenemos que ver con el agua. Así lo vive y comprueba el científico D.L. West Marrin, incansable promotor y custodio del agua.
Agua y Gaïa
¿Qué sucede cuando una forma de vida terrestre –que está compuesta sobre todo por agua estructurada de maneras sumamente distintas, gracias a una singular combinación de biomoléculas– toca el agua en su medio? En esencia, dicha forma de vida está comunicando, a través del agua, su firma particular a otras formas de vida y a la Tierra, que a lo largo de gran parte de la historia humana fue considerada viva y sensible. Los humanos usamos rutinariamente el agua para comunicarnos surcando los océanos y las vías fluviales tierra adentro, lo mismo que por medio de rituales, el habla y el contacto físico. Dado que todas nuestras células están bañadas en agua, todo lo que escuchamos, vemos, probamos, olemos o sentimos entre nosotros y la Tierra se comunica, finalmente, a través del agua.
Como el espíritu o la esencia de su cuerpo planetario (la Tierra), Gaïa fue reconocida por los antiguos griegos como la hija de Caos, quien estaba íntimamente relacionado con las "aguas" primordiales que existían antes de la creación y con el agua, sustancia más común que también se creía estaba viva y era sensible. Si preguntáramos al agua y a Gaia sobre la relación que tienen entre sí y con la biósfera, podríamos obtener algunas interesantes perspectivas sobre los muchos retos que enfrentamos actualmente respecto a medioambiente, salud y demanda energética.
Así pues, ¿cuál es la relación entre agua y cambio climático? El agua podría decir que sirve como el mediador del cambio de Gaïa y que los océanos, nubes y vapor atmosférico (es decir, la humedad) actúan como su principal controlador de regímenes climáticos en el largo plazo, y como patrones climáticos en el corto plazo. En esta época de veloz transformación del clima global, es el agua la que nos hará saber las consecuencias finales o la que logre la reversión del cambio climático, pues es el único gas de invernadero capaz de afectar el clima de la Tierra en el corto plazo. El agua, Gaïa y el sol trabajan en concierto para conseguir cambios planetarios, pero es el agua, con sus peculiares propiedades, la que media el cambio climático mismo. Las propiedades únicas del agua son resultado de su dinámica red molecular, cuya geometría, ritmos y capacidad de transmitir información aún están por entenderse del todo.

El agua puede decirnos que su ciclo hidrológico constituye la mayor circulación de sustancia alguna en el cuerpo de Gaïa, y que sus vastas corrientes oceánicas y ríos de agua dulce hacen las veces de sus arterias, venas y vasos capilares. Gaia puede responder que este sistema de circulación oceánica lleva señales del clima por todo el orbe como cambios de temperatura de larga duración, y que la energía solar que llega a su superficie se vuelve una forma utilizable como resultado del tránsito del agua por las fases sólida, líquida y gaseosa. El agua podría entonces preguntarnos a los humanos si continuaríamos arrojando nuestros desechos (como drenaje, químicos, dióxido de carbono, basura) en las aguas del cuerpo de Gaïa al saber que éstas constituyen la "sangre" de su enorme sistema circulatorio.
¿Y qué hay de la escasez de agua, que ha sido identificada como –quizá- el reto más grave que enfrenta la humanidad en el siglo XXI? Gaïa podría señalar que la cantidad de agua fresca en sus vasos capilares no ha disminuido de manera importante en los últimos dos siglos, pero que los humanos han adoptado prácticas que han reducido la calidad de ésta, o que la han encerrado en sitios donde ya no se tiene fácil acceso a ella. Nos recordaría que gran parte del agua en su sistema circulatorio jugó un papel en el nacimiento de nuestro Sol, y que el agua es uno de los seres más antiguos en el universo. Así como el agua constituye una parte sustancial del cuerpo interior y exterior de Gaïa, el agua y los minerales de Gaia conforman los cuerpos de todas las formas de vida en el planeta. Algunas de las sustancias fundamentales, que se hallan en toda forma viviente, pudieron haber sido llevadas a la superficie de Gaïa en el agua de cometas y asteroides, los cuales contienen un muy extraño tipo de hielo fluido.

¿Qué nos puede decir el agua sobre la salud de nuestros cuerpos y mentes? El agua sabe que es parte integral tanto de la estructura como de la función de los componentes esenciales de nuestros cuerpos, y que es responsable de transmitir información de soporte vital. Si el agua dentro de una forma de vida es insuficiente o está contaminada, entonces no puede llevar a cabo estas tareas integrales. Esto es particularmente cierto en el caso del cerebro y el fluido cerebroespinal, que contienen alrededor de 80% y 99% de agua, respectivamente. El agua podría recordarnos que la bioenergía responsable de echar a andar todas las formas de vida de Gaïa está basada en la división y formación de sus moléculas H2O. Muchas de estas formas de vida sobreviven gracias a que consumen el hidrógeno del agua como un componente de los carbohidratos (alimentos), y a que respiran el oxígeno del agua como un componente del aire. Incluso la morfología de los animales y las plantas a menudo asemeja las formas del flujo del agua, tales como espirales, ondas y olas.
¿Cómo podemos los seres humanos vivir en mayor armonía con Gaïa y el agua? Tanto el agua como Gaïa podrían decir que ellas no son meras mercancías o recursos, sino más bien una parte esencial de todas las formas de vida en el planeta –al menos físicamente-. Reconocer y apreciar la sabiduría y la inteligencia mostradas por el agua y por Gaïa, es quizá el paso más importante que podemos dar para construir una relación armoniosa. Entender al agua y a Gaïa como socios y maestros, así como proveedores, necesariamente cambiaría nuestras acciones hacia ellas. Si diseñáramos nuestras tecnologías y planes de administración en imitación o emulación de lo que observamos en la naturaleza, serían más eficientes y generarían menos problemas. El conocido movimiento del remolino, el método con que se mueve el agua en una bacteria o un árbol, y el proceso de formación de un glaciar ya nos han ayudado a elegir y diseñar tecnologías que son sustentables y energéticamente eficientes. Imitar la interacción del agua de mar y el agua dulce pueden incluso dar como resultado una fuente de energía limpia.
Gaïa podría preguntarnos si podemos empezar a observar y adaptar los patrones, ritmos y comportamientos del agua sobre su cuerpo, en vez de exigir que el agua se adapte siempre a las estructuras que hemos creado o a nuestros planes de visión limitada. ¿Podemos utilizar los dones que nos son dados gratuitamente por el agua y Gaïa, y al mismo tiempo reconocerlos como algo mucho más que meras mercancías, recursos o derechos humanos? Nuestra decisión colectiva de hacerlo marcaría la transición hacia una nueva cultura del agua.
